Erik Satie – Poema encontrado en un paraguas

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“Yo te amo criatura endeble e infinita, como se aman ciertas cosas terribles, como el oneroso fuego sobre playas de ambrosía, como la sangre tibia que endulza las manos de inocentes”

Erik Satie fue compositor y pianista, precursor del minimalismo y el impresionismo. Es considerado una figura influyente en la historia de la música, en especial por sus gymnopedias y sus gnossienes. Multifacético, también fu escritor de poesía, que escribía con tiempos musicales. Poema encontrado en un un paraguas aparece en su obra póstuma Los Cuadernos de un mamífero, que son los apuntes al natural de toda su vida.

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Erik Satie – Poema encontrado en un paraguas

 

Cadáver aerófago de ojos descocidos, de mirada trunca, de miembros gangrenados.

¿Por qué tu boca me devuelve olvidados paraísos?

Mejor harías en volver al sueño disolvente del que emergiste brillante,

como una estela de celestes crucifijos.

Yo te maté en la medianía de las horas,

yo fui verdugo de esos huesos rotos,

fui la cárcel sangrienta de tus cabellos cobrizos esplendentes,

mismos que en mitad de la plaza he visto fulminar a más de uno en melífugos pelotones.

Suspiro por tus suaves dedos blancos,

el sarcoma de la sangre coagulada forma dulces motas de escarlata y púrpura: ¡tu cuerpo se cubre de nenúfares!.

Mis manos estremecen tu dulce carne y el tacto me devuelve el tierno aguijón de la pulpa de una fruta madura.

¡Qué embeleso de labios!

¡Qué delicadeza cincelada de alabastro son tus pies!

¡Qué tersa la carrera de las aguas sobre tu vientre blanquísimo!.

Blancos ojos, blancas piernas, blanca impronta en la carrera de los vivos que se cruzan en tus caminos.

Por años concebí la noche, reclamando los incendios de tus ojos, ¡ahora me otorgaste la sombra!.

Mis devotos labios cercenados por mieles y vino son testigos:

de la gracia muda y elegante con que habitan los dioses el universo de los vivos,

de las profundas hondonadas en que gimen tibios los fantasmas de la infancia,

de las palabras temblorosas que dirigen los amantes piadosos cuando se consume la vigilia.

Yo te amo criatura endeble e infinita,

como se aman ciertas cosas terribles,

como el oneroso fuego sobre playas de ambrosía,

como la sangre tibia que endulza las manos de inocentes,

como el anverso monstruoso de la noche pintando eones olvidados,

¡Devuélveme el flagelo frío de los astros con tus labios despojados!

¡Muéstrame el camino tibia mortaja de sombras, carroña esplendorosa, suave nido de apetitos dormidos!

¡Ámame finalmente, con la tersura acompasada de la muerte, con la beatitud esplendorosa del silencio, con la eternidad indescifrable de tu cuerpo quieto!

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Erik Satie – 3 Gymnopédies, 6 Gnossiennes

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