José María Arguedas – A nuestro padre creador Túpac Amaru

“Tu sombra llega al profundo corazón como la sombra del dios montaña, sin cesar y sin límites.”

José María Arguedas Altamirano fue un peruano escritor, poeta, traductor, profesor, antropólogo, músico y etnólogo. Autor de novelas y cuentos que lo han llevado a ser considerado como uno de los tres grandes representantes de la narrativa indigenista en el Perú, también escribió poesía en idioma quechua, que luego el mismo traducía.

Su poema quechua Tupac Amaru kamaq taytanchisman, traducido como A nuestro padre creador Tupac Amaru (himno-canción).  Es un canto dedicado al procer de la independencia del Perú, José Gabriel Condorcanqui, más conocido por su nombre Túpac Amaru II.

Existe una versión cantada, interpretada por el músico Julio Humala.

 

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JOSÉ MARÍA ARGUEDAS – A nuestro padre creador Túpac Amaru 

-A Doña Cayetana, mi madre india, que me protegió con sus lágrimas y su ternura,
cuando yo era niño huérfano alojado en una casa hostil y ajena.
A los comuneros de los cuatro ayllus de Puquio en quienes sentí
por vez primera, la fuerza y la esperanza-.

Tupac Amaru, hijo del Dios Serpiente; hecho con la nieve del Salqantay; tu
sombra llega al profundo corazón como la sombra del dios montaña, sin
cesar y sin límites.

Tus ojos de serpiente dios que brillaban como el cristalino de todas las
águilas, pudieron ver el porvenir, pudieron ver lejos. Aquí estoy, fortalecido
por tu sangre, no muerto, gritando todavía.
Estoy gritando, soy tu pueblo; tú hiciste de nuevo mi alma; mis lágrimas las
hiciste de nuevo; mi herida ordenaste que no se cerrara, que doliera cada vez
más. Desde el día en que tú hablaste, desde el tiempo en que luchaste con el
acerado y sanguinario español, desde el instante en que le escupiste a la
cara; desde cuando tu hirviente sangre se derramó sobre la hirviente tierra,
en mi corazón se apagó la paz y la resignación. No hay sino fuego, no hay
sino odio de serpiente contra los demonios, nuestros amos.
Está cantando el río,
está llorando la calandria,
está dando vueltas el viento;
día y noche la paja de la estepa vibra;
nuestro río sagrado está bramando;
en las crestas de nuestros Wamanis montañas,
en su dientes, la nieve gotea y brilla.
¿En dónde estás desde que te mataron por nosotros?
Padre nuestro, escucha atentamente la voz de nuestros ríos; escucha a los
temibles árboles de la gran selva; el canto endemoniado, blanquísimo del mar;
escúchalos, padre mío, Serpiente Dios. ¡Estamos vivos; todavía somos! Del
movimiento de los ríos y las piedras, de la danza de árboles y montañas, de
su movimiento, bebemos sangre poderosa, cada vez más fuerte. ¡Nos
estamos levantando, por tu casa, recordando tu nombre y tu muerte!
En los pueblos, con su corazón pequeñito, están llorando los niños.
En las punas, sin ropa, sin sombrero, sin abrigo, casi ciegos, los hombres
están llorando, más tristes, más tristemente que los niños.
Bajo la sombra de algún árbol, todavía llora el hombre, Serpiente Dios, más
herido que en tu tiempo; perseguido, como filas de piojos.
¡Escucha la vibración de mi cuerpo! Escucha el frío de mi sangre, su temblor
helado.
Escucha sobre el árbol de lambras el canto de la paloma abandonada,
nunca amada;
el llanto dulce de los no caudalosos ríos, de los manantiales que suavemente
brotan al mundo.
¡Somos aún, vivimos!
De tu inmensa herida, de tu dolor que nadie habría podido cerrar, se levanta
para nosotros la rabia que hervía en tus venas. Hemos de alzarnos ya, padre,
hermano nuestro, mi Dios Serpiente. Ya no le tenemos miedo al rayo de
pólvora de los señores, a las balas y la metralla, ya no le tememos tanto.
¡Somos todavía! Voceando tu nombre, como los ríos crecientes y el fuego que
devora la paja madura, como las multitudes infinitas de las hormigas
selváticas, hemos de lanzarnos, hasta que nuestra tierra sea de veras
nuestra tierra y nuestros pueblos nuestros pueblos.

Escucha, padre mío, mi Dios Serpiente, escucha:
las balas están matando,
las ametralladoras están reventando las venas,
los sables de hierro están cortando carne humana;
los caballos, son sus herrajes, con sus locos y pesados cascos, mi cabeza,
mi estómago están reventando,
aquí y en todas parte;
sobre el lomo helado de las colinas de Cerro de Pasco,
en las llanuras frías, en los caldeados valles de la costa,
sobre la gran yerba viva, entre los desiertos.
Padrecito mío, Dios Serpiente, tu rostro era como el gran cielo, óyeme: ahora
el corazón de los señores es más espantosos, más sucio, inspira más odio.
Han corrompido a nuestros propios hermanos, les han volteado el corazón y,
con ellos, armados de armas que el propio demonio de los demonios no podría inventar y fabricar, nos matan. ¡Y sin embargo, hay una gran luz en
nuestras vidas! ¡Estamos brillando! Hemos bajados a las ciudades de los
señores. Desde allí te hablo.
Hemos bajado como las interminables filas de hormigas de la gran selva.
Aquí estamos, contigo, jefe amado, inolvidable, eterno Amaru.
Nos arrebataron nuestras tierras. Nuestras ovejitas se alimentan con las
hojas secas que el viento arrastra, que ni el viento quiere; nuestra única vaca
lame agonizando la poca sal de la tierra. Serpiente Dios, padre nuestro: en tu
tiempo éramos aún dueños, comuneros. Ahora, como perro que huye de la
muerte, corremos hacia los valles calientes. Nos hemos extendido en miles
de pueblos ajenos, aves despavoridas.
Escucha, padre mío: desde las quebradas lejanas, desde las pampas frías o
quemantes que los falsos wiraqochas nos quitaron, hemos huido y nos
hemos extendido por las cuatro regiones del mundo. Hay quienes se aferran
a sus tierras amenazadas y pequeñas. Ellos se han quedado arriba, en sus
querencias y, como nosotros, tiemblan de ira, piensan, contemplan. Ya no
tememos a la muerte. Nuestras vidas son más frías, duelen más que la
muerte. Escucha, Serpiente Dios: el azote, la cárcel, el sufrimiento inacabable,
la muerte, nos han fortalecido, como a ti, hermano mayor, como a tu cuerpo y
tu espíritu. ¿Hasta donde nos ha de empujar esta nueva vida? La fuerza que
la muerte fermenta y cría en el hombre ¿no puede hacer que el hombre
revuelva el mundo, que lo sacuda?
Estoy en Lima, en el inmenso pueblo, cabeza de los falsos wiraqochas. En la
Pampa de Comas, sobre la arena, con mis lágrimas, con mi fuerza, con mi
sangre, cantando, edifiqué una casa. El río de mi pueblo, su sombra, su gran
cruz de madera, las yerbas y arbustos que florecen, rodeándolo, están, están
palpitando dentro de esa casa; un picaflor dorado juega en el aire, sobre el
techo.
Al inmenso pueblo de los señores hemos llegado y lo estamos removiendo.
Con nuestro corazón lo alcanzamos, lo penetramos; con nuestro regocijo no
extinguido, con la relampagueante alegría del hombre sufriente que tiene el
poder de todos los cielos, con nuestros himnos antiguos y nuevos, lo estamos
envolviendo. Hemos de lavar algo las culpas por siglos sedimentadas en esta
cabeza corrompida de los falsos wiraqochas, con lágrimas, amor o fuego.
¡Con lo que sea! Somos miles de millares, aquí, ahora. Estamos juntos; nos
hemos congregado pueblo por pueblo, nombre por nombre, y estamos
apretando a esta inmensa ciudad que nos odiaba, que nos despreciaba como
a excremento de caballos. Hemos de convertirla en pueblo de hombres que
entonen los himnos de las cuatro regiones de nuestro mundo, en ciudad feliz,
donde cada hombre trabaje, en inmenso pueblo que no odie y sea limpio, como la nieve de los dioses montañas donde la pestilencia del mal no llega
jamás. Así es, así mismo ha de ser, padre mío, así mismo ha de ser, en tu
nombre, que cae sobre la vida como una cascada de agua eterna que salta y
alumbra todo el espíritu y el camino.
Tranquilo espera,
tranquilo oye,
tranquilo contempla este mundo.
Estoy bien ¡alzándome!
Canto;
mismo canto entono.
Aprendo ya la lengua de Castilla,
entiendo la rueda y la máquina;
con nosotros crece tu nombre;
hijos de wiraqochas te hablan y te
escuchan
como el guerrero maestro, fuego
puro que enardece, iluminando.
Viene la aurora.
Me cuentan que en otros pueblos
los hombre azotados, los que sufrían,
son ahora águilas, cóndores de
inmenso y libre vuelo.
Tranquilo espera.
Llegaremos más lejos que cuanto tú quisiste y soñaste.
Odiaremos más que cuanto tú odiaste;
amaremos más de lo que tú amaste,
con amor de paloma encantada, de calandria.
Tranquilo espera, con ese odio y con ese amor sin sosiego y sin límites, lo
que tú no pudiste lo haremos nosotros.
Al helado lago que duerme, al negro precipicio, a la mosca azulada que ve y
anuncia la muerte a la luna, las estrellas y la tierra, el suave y poderoso
corazón del hombre; a todo ser viviente y no viviente, que está en el mundo,
en el que alienta o no alienta la sangre, hombre o paloma, piedra o arena,
haremos que se regocijen, que tengan luz infinita, Amaru, padre mío. La
santa muerte vendrá sola, ya no lanzada con hondas trenzadas ni estallada
por el rayo de pólvora. El mundo será el hombre, el hombre el mundo, todo a
tu medida.
Baja a la tierra, Serpiente Dios, infúndeme tu aliento; pon tus manos sobre la
tela imperceptible que cubre el corazón. Dame tu fuerza, padre amado.

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José María Arguedas – Tupac Amaru kamaq taytanchisman

Lucanas india, mamay Doña Caytanaman. Auqa wasipi,
Wakcha warmalla kasiaqtiy, pay, urpi sonqonwan, khuyay
Weqenwan uywallawarqa. Tawantin Puquio ayllukunaq
Allin qarinkunaman. Paykunapin qawarqani warma sonqoywan
Comunerupa kallpanta, imay mana ruway atisqanta.

Tupac Amaru, Amaruq churin, Apu Salqantaypa ritinmanta ruwasqa llantuykin,
Apu suyu sombran hina sonqo ruruykupi mastarikun, may pachakama.

Qanqa karuta, amaru ñawikiwan, wamancha kanchariynininwan, qawarqanki.
Kaypin kasiani, yawarniykiwan kallpachasqa, mana, wañusqa, qaparispa.

Qaparisianin, llaqtaykin kani, runayki; qanpa mosoqmanta ruwasqaykin nunay,
Weqey, mana tanisqa kiriy. Qan rimasqaykimanta, yawar mikuqjierro
Españolwan maqanakusqaykimantan, uyanta toqasqaykimantan, yawarniki
Timpuq allpapi timpusqanmantan manaña sonqoypi qasilla kanñachu.
Rupayllañan kan, amaru cheqniyllañan kan, supay weraqochakunapaq, sonqoypi.

Mayun takisian,
Tuyan waqasian,
Wayran muyusian,
Ichun, tuta punchay sukasian.
Wamanikunaq, apukunaq kirunpi, riti sutusian, llipipisian.
Hatun mayunchijmi qaparisian.
¡Maypitaq kani ñoqayku rayku wañusqaykimanta!

Taytay: mayukanata uyariykuy, sutilla; hatun yunkapipas manchay sachakunata uyariykuy; la mar qochapa supay, yuraq takinta, waqayninta uyariykuy, papay, Amaruy. ¡Kausasianikun! Chay rumi, sacha unu, mayu kuyusqanmantan; mayu muyurisqanmantan, wayra tududwanmantan, astawan hatunta, astawan yawar kallpata hapisiayku.¡Hatarisianikun, qan rayku, apu sutiyki, apu wañuyniyki rayku!

Llaqtakunapi, wawakuna, imay mana sonqonchanwan waqasianku.
Puñakunapi, mana pachayoq, mana loqoyoq, mana ima qoñiqniyok, ñausa,
Wakcha runakuna waqasianku, khuyayta; astawan wawa weqenmantapas khuyayta.
Sacha llantunpi tiyaykuspa runakuna waqanraqmi, Amaruy;
Qan pacha kausasqaykimantapas astawan kirisqa; qatisqa, usa hina qatisqa.
¡Uyariykuy sonqoyta, tanlinyasqanta!
Uyariykuy yawarniypa chiriyninta, katatasqanta;
Uyariykuy lambras sachapi mana piyniyoq urpipa llakisqanta; taksalla mayupa, llampu timpuq puquiupa takisqanta.
¡Kachkaniraqmi!

Chay hatunkaray kiriykimanta, mana pipas taniy atiq ñakarisqaykimanta hatarin ñoqaykupaq, sirkaykipi timpuq rabia. Hatarisaqkuñan, papay, wayqechay, Amaruy. Manañan manchanikuchu millay weraqochakunapa pólvora illapanta, balanta, metrallantapas; manañan anchata manchanikuchu. ¡Kachkaniraqkun! Sutiykita qaparispa, lloqllariq mayu hina, puriq nina hina, mana usiaq sisi hina, lloqllasaqku, noqanchispa llapan allpanchista hapinaykukama; llaqtanchispas llaqtanchispuni kanankama.

Uyariy, papy, Amaruy, uyariykuy:
Balan sipisian,
Metrallan yawarta toqyachisian,
Jierro cochillun runaq aychanta kuchuchkan,
Cawallum, irrajinwan, upa, llasaq chakinwan umayta, wiksaykuta ñitisian,
Kaypipas maypipas:
Chiri wasa Cerro de Pasco orqokunapi,
Riti pampa allpaykipi,
Rupaq, chin niq yunka, qomer kanchariy yunkakunapi.

Taytachay, Amaruy, cielo uyayoq wayqey, kunan kita weraqochakunapa sonqonqa astawan qanran, astawan millay, astawan cheqninan. Kikin wayqentchiq runakuña sonqonta tikraruspa, paykunawan, saqramantapas astawan saqra armakunawan sipiwanku. ¡Kachkaniwaqkun, chaypas, kachkaniwaqkun, kancharisparaq! Llaqtakunaman, kitaweraqocha llaqtankunaman uraykamuniku mana usiaq sisi hina. Chaypiñan kasianiku; chaypiñan kasianki ñoqaykuwan kuyay apu, mana qonqana, wiñay Amaruy.
Manañan allpaykuna, chakraykuna kanñachu. Uijachaykupas qopallatañan mikun, wayrapa mana munasqan qopata; allpallatañan, as kachichayoq mana kachiyoq allpallatañan wakachayku wañu waluyta llaqwan. Amaruy, qan pacha timpuykipi cumun allpayku karqaraqmi. Kunanqa, wañuymanta alqo ayqeq hina, llaqtakunamanta yunkakunaman ayqesianiku; mastarayasianiku runapa llaqtakunapi, mancharisqa challchaku hina.
Uyariy Hatun Tayta, karu qeswakunamanta, kita weraqochakuna, pampa, chiri qoñeq allpaykuna qechuwasqankunamanta, ayqespa, mastarinakuniku lliu tawantin suyupi. Qepaq wakcha, pisi allpachayoq runakunapas, ñoqaykuna hinan rabiasianku, qawarisianku tukuy imaymanata. ¿Ima raykutaq manchakuymanku, kunan? Wañuymanta astawan chiri, astawan nanaqmi vidayku, qan hina, hatun wayqey. ¿Maykamataq kay mosoq kallpayku tanqawanqaku? Kikin wañuymanta kallpa hatariq-qa pachata kuyuchinmanmi, tikranmanmi, mosoqyachinmanmi.
Lima hatuchachaq llaqta, kita weraqochakunapa uma llaptapin kasiani; Comas aqo pampani weqeywan, kallpaywan, yawarniywan, takispa, wasicha ruwakusqaypi. Llaqtay mayu, llaqtay sombra, llaqtay tika waytas, llaqtay hatun cruzsi, chay wasi ukupi sonqosian; qori qentis llipipisian techo wayrachampi, pukllaspa.
Kay weraqochakunaq uma llaqtanta, ñoqayku, as asllamanta tikrasianiku; sonkoykuwan sonqosianiku, samiykuwan samisianiku; ñakariq sonqo runa saminqa ancha cieluyoqmi. Qepa ñeqen takinku yuyasqaykuwan, mosoq takiykuwanpas, kay llaqtata, qoncho huchamanta, maykamaraq huchanmanta, qespichisaqku, weqewan, khuyaywan, ninawan. ¡Imawanpas! Amaña auqa kananpaq. Waranga waranqa kasiayku, huñusqa, llaqtan llaqtan huñusqa. Mat’ isiayku kay runa cheqniq llaqtata, cawallupa akanta hina millakuwaqninchis llaqtata. ¡Qespichisaqkun! Runa llaqtan kanqa, tawantin suyu hatun takiq, manchay kusiq, allin llankaq, mana cheqniq ¡chuya! Apu ritin hina mana asnaq huchyoq. Chaynan, chaynapunin kanqa. Amaruy, qan rayku; sutiykimanta chuyay paqcha chayamuq, mana samaspa llipipiq paqcha rayku; ñan kanchariq, runaq yuyaynin wiñaypaq kanchariq paqcha.

Qasilla suyay
Qasilla uyariy
Qasilla qawaykamuy kay pachata.
Allinraqmi kasiani ¡suyasianin!
Takisiaykun,
Tususiaykun,
Takiyniykiwanraq, tusuyniykiwanraq.
Castellanutapas, waranqa ruedayoq kaqtapas, kuyuchisianiñan;
Sutikin ñoqaykuwan kuska wiñan, kallpachakun;
Wayna weraqochakunapas uyarisunkiñan, reqsisunkiñan;
Hatun amauta raura kanchariq hinata
Ñas pacha achikyay, runaq pachawaray kancharisianña,
Ñas huk karu karu llaqtakunapipas
Muchuq runakuna wamaniña kanku, hatun pawaq kunturña.

Qasilla suyay.
Mosqosqaykimantapas astawan kurataraq chayasaqku,
Cheqnisqaykimantapas astawan fierutaraq cheqnisaqku,
Kuyasqaykimantapas astawan, urpi urpi, tuya tuyaraq kuyasiayku.
Qasilla suyay, chay imay mana kuyaywan, chay imay mana cheqniywan
Qan mana atisqaykita noqayju atisaqku.
Chiri puñuq qochata, yana qaqata,
Wañuy qawaq chiririnkata,
Runa llanpu sonqonta
Tukuy teqsi muyuntinpi, kausayniyoq mana kausayniyoq kaqta,
Kay pachapi;
Yawarniyoq urpita, runata, mana yawarniyoq, aqo, qaqata,
Qochochisaqku, kancharichisaqku, maykamaraq, papay Amaru.
Santa Muerte sapallanña hamunqa, mana warakawan chanqaspa,
Mana runaq polvora illapanpi toqyaspa.
Pachan runa kanqa, runañataq pacha,
Qan sayay.

Uraykamuy Amaruy, samayniykita urpuchiway; sonqoypa llikanpi makikita churaykuy; kallpachaway.

 

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Julio Humala –  A nuestro padre creador Túpac Amaru (fragmento)

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